Compagnie Linga /

Katarzyna Gdaniec y Marco Cantalupo

DANZA /

Photo © Gert Weigelt / Hugues Sigen-Thaler

Katarzyna Gdaniec y Marco Cantalupo fundaron Linga en 1992. En 1993, les ofrecieron tener su residencia permanente en el Teatro Octogone Theater en las ciudades de Pully y Lausanne (Suiza), un importante Teatro Nacional. Sus trabajos, su físico y su estilo poco convencional llevaron a la fama a la compañía, que ha sido la anfitriona de los festivales y teatros más importantes de Europa, Sudamérica y Oriente Medio. La compañía y los coreógrafos han sido galardonados con diferentes prestigiosos premios y sus trabajos pueden encontrarse dentro del repertorio del Ballet Dresdner, el Ballet de la Ópera Mannheim, la Opera Ballet de Florencia, el Ballet Nacional de Portugal y el Ballet de la Opera de Ankara.
En 1995, Marco Cantalupo y Katarzyna Gdaniec ganaron el 2º premio en la competición de coreógrafos de Hanovre, así como el Premio Leonide Massine en Positano, Italia. En 2001 se les otorgó el Premio de Jóvenes Creadores de Danza de la Fundación Vaudoise para la Promoción y la Creación Artística. En el año 2003 y en el 2006 firmaron con The Canton of Vaud el llamado Contrato de Confianza.

KATARZYNA GDANIEC nació en Skorcz, Polonia. A los 8 años inicia sus pasos en el mundo de la gimnasia artística y en 1974 gana en el Campeonato Júnior de Gimnasia Artística. Posteriormente comenzó sus estudios en la Escuela Nacional de Ballet en la ciudad de Gdansk, donde se graduó. En 1983 ganó el 1er premio de la Competición Nacional de Danza de Gdansk, lo que la permitió participar en el Prix de Lausanne y obtener el Premio de la Fundación Johnson. Al terminar sus estudios en Gdansk, fue premiada con una beca de la Escuela de Ballet Princesa Gracia en Montecarlo. En 1985 entró a formar parte del Ballet du XXe Siècle de Maurice Béjart convirtiéndose en su primera bailarina hasta 1991. Katarzyna Gdaniec ha estado coreografiando desde 1987. Fue la creadora de la primera pieza del Taller de jóvenes Ballet du XXe Siècle

MARCO CANTALUPO nació en Génova, Italia. Estudió en la Escuela de Ballet de la Scala de Milán y más tarde en la Escuela de Ballet de la Opera de Hamburgo, donde se graduó. Varios viajes a los Estados Unidos, le dieron la oportunidad de trabajar con el coreógrafo Daniel Ezralow (Momix). Ha bailado con la Ópera de Hamburgo, ha sido solista de Staatstheater Gelsenkirchen, el Ballet Nacional de Portugal, la Opera de Alemania, el Stadttheater Bern y el Béjart Ballet Lausanne. Coreografió varios proyectos independientes en Italia hasta fundar la compañía Linga con Katarzyna Gdaniec.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

REPERTORIO

PAÍS

Suiza

WEB

Kitchen en desorden

Léa Gabriele

En su último trabajo, Katarzyna Gdaniec  y Marco Cantalupo han coreografiado la efervescencia de la vida, desde que comienzan los sentimientos hasta que la furia los hace desaparecer. Que otro lugar más apropiado que la cocina, podría haber inspirado mejor a los dos fundadores y coreógrafos de la Compañía Linga. La cocina, un territorio tanto de mutuo reconocimiento como de enfrentamiento, no sólo es el lugar donde los cuerpos se alimentan. También es un recinto hermético y exuberante que genera emociones y cuenta historias en las que cada uno puede reconocerse a sí mismo. Justo como los sabores de la cocina de Madeleine Proust nos retornan a nuestra infancia y a sus felices y amargos recuerdos. En base a su propia observación sobre la vida familiar, con un trabajo colectivo de bailarines y textos actuales, Katarzyna Gdaniec y Marco Cantalupo traen a la luz un mundo desconcertante que permite disfrutar de los placeres y, a su vez, sufrir las torturas de la vida. Durante el espectáculo, en una alteración de movimientos y palabras, los bailarines recuerdan las páginas del diario de una mujer violada al mismo tiempo que algunas definiciones y términos culinarios. Al emulsionar el malestar con la diversión de vivir en la cocina surge una picante salsa con un ligero gusto a azufre.

Los coreógrafos de Linga se implican socialmente y a veces son considerados políticamente incorrectos. Les gusta tratar lo indecible a través de los evocativos significados del poder del lenguaje corporal. Sus corografías son, por tanto, muy precisas y exigentes pero también ardientes y líricas. En su cocina, la pasión crece y la violencia va de la mano. El cuerpo es amasado, enrollado, golpeado como una masa y entregado a un desagradable tiempo para realzar mejor los sabores y borbotar las fragancias. Lanzado al suelo o manipulado de una manera brutal por el otro, puede ser voluptuoso y consentido a las caricias.

Presentada como la reina de la cocina, en un territorio tanto estéril como carnal, la mujer aparece como la esclava cuyo cuerpo sirve como una aspiradora del amor y  de la escoria emocional. Detrás de la belleza del baile luego emerge la brutal realidad de la violencia marital.

Luz, música – percusión con trozos de espagueti en directo – y decorados superrealistas, todo en la “cocina” encabeza una pieza tejida con tensión y sensualidad. Por coreografiar los ardientes dúos y los intensos solos llenos de humor,  Katarzyna Gdaniec y Marco Cantalupo comparten con nosotros su interpretación metafórica de los obstáculos en las relaciones personales.

 

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